Nuestro Texas

Ida

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Ida

Ida, originalmente de Reynosa, México, ha estado viviendo en una colonia cerca de Donna, Texas por diez años. Ida sostiene una relación sentimental y mantiene a sus dos hijos de 7 y 17 años por su cuenta.

Desde el nacimiento de su hijo hace siete años, Ida había ido a su clínica local de Planned Parenthood para obtener métodos anticonceptivos y exámenes de Papanicolaou (citología vaginal). “Hace un año fui a Planned Parenthood para un chequeo, pero me dijeron que se les habían acabado los fondos”. Ida se las arregló para obtener pastillas anticonceptivas para un año, pero en una semana se le acabarán. Ida está preocupada por la posibilidad de resultar embarazada. “Ahora no estoy preparada para otro niño…mi situación económica es difícil, bien difícil…No sé cómo conseguir más pastillas porque ahora cobran, ya no tienen fondos para eso, nadie tiene fondos ahora”.

Ida también tiene el virus del papiloma humano genital (VPH), un factor clave para el desarrollo de cáncer cervical y en el pasado, tuvo una cirugía para removerle quistes cervicales. Ahora Ida no puede pagar por un examen de Papanicolaou que, de acuerdo a los doctores, necesita hacerse cada seis meses debido a sus antecedentes médicos.

“Son $60 por un chequeo. Pensé, o pago los $60 ó compro comida para mis niños”.

Ida quisiera ir a México para obtener servicios de salud pero no es legalmente permitido cruzar la frontera con su permiso temporal. “No poder ver a un doctor me enferma de preocupación. Tengo tanto miedo de que el virus vuelva. La última vez no era canceroso, pero temo que si regresa será peor porque no me estoy haciendo los chequeos regularmente”.

El miedo es parte de la vida diaria de Ida. “La verdad es que tengo miedo de dos cosas: de tener cáncer porque el virus, el del papiloma humano, esté aún allí y pueda regresar. También tengo miedo de…ahora, porque no estoy preparada para otro niño. Tengo sólo dos, y sé que no parece mucho, pero mi situación económica es dura, muy dura…Tengo un tráiler (hogar móvil), una casita, y pago $350 al mes por el lote en donde la tengo estacionada. Así que, o pago la renta y les doy a mis hijos un lugar donde vivir, o me hago una mamografía, un Papanicolaou, o anticonceptivos. O una cosa o la otra, pero no todo”.

Ida tiene un trabajo de medio tiempo, y en su tiempo libre, trabaja como promotora voluntaria en la Red de Abogacía de Latinas de Texas en donde educa a las mujeres de su comunidad acerca del impacto del recorte de fondos. “Todas las mujeres aquí, especialmente yo, queremos que la ayuda regrese. Yo sé que nada es gratis, por supuesto que no. Venimos a los EE.UU. a trabajar. No queremos que nos regalen nada. Solo necesitamos que los servicios tengan un costo alcanzable para que podamos pagar—razonables, dependiendo cuánto dinero ganamos”.

En el año 2011, el estado de Texas hizo recortes drásticos a los programas de planificación familiar, lo que forzó a que una cuarta parte de las clínicas financiadas por el estado en la parte baja del Valle del Río Grande cerraran completamente, y la mayoría de las clínicas restantes, ha tenido que reducir sus horas de atención y su personal. Las mujeres de bajos ingresos del Valle como Ida ahora no tienen a dónde ir para obtener una fuente de servicios de salud reproductiva confiable. Para más información acerca del impacto de estas políticas en las vidas de las mujeres, lea el reporte.